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miércoles, 2 de abril de 2014

Letanias de Satán.

Oh tú, el Ángel más bello y asimismo el más sabio,
Dios privado de suerte y ayuno de alabanzas.
Príncipe del exilio, a quien perjudicaron,
y que, vencido, aún te alzas con más fuerza.
Tú, que todo lo sabes, oh gran rey subterráneo,
familiar curandero de la angustia del hombre.
Tú, que incluso al leproso y a los parias más bajos,
sólo por amor muestras el gusto del Edén.
Oh tú, que de la muerte, tu vieja y firme amante,
engendras la esperanza, ¡esa adorable loca!
Tú que das al proscrito esa altiva mirada
que en torno al caldaso condena a un pueblo entero.
Tú sabes las guaridas donde en tierras lejanas
el celoso Dios guarda toda su pedrería.
Tú, cuyos claros ojos saben en qué arsenales
amortajado el pueblo duerme de los metales.
Tú, cuya mano disimula el abismo
al sonámbulo errante sobre los edificios.
Tú que, mágicamente, ablandas la osamenta
del borracho caído al pie de los caballos.
Tú, que por consolar al débil ser que sufre,
a mezclar nos enseñas azufre con salitre.
Tú que imprimes tu marca, ¡oh cómplice sutil!
En frente del Creso vil y inmisericorde.
Tú, que en el corazón de las putas enciendes
el culto por las llagas y el amor a los trapos.
Báculo de exiliados, lámpara de inventores,
confidente de ahorcados y conspiradores.
Padre adoptivo de aquellos, que, en su cólera,
del paraiso terrestre arrojó Dios un día.
¡Oh Satán, ten piedad de mi larga miseria!


Gloria y loor a ti, Satán, en las alturas del cielo donde reinas y en las profundidades del infierno en el que sueñas, vencido y silencioso. Haz que mi alma, bajo el Árbol de la Ciencia, cerca de ti repose, cuando, sobre tu frente, como una iglesia nueva sus ramajes se expandan.



''Poema escrito por Charles Baudelaire, se le incluyó entre los poetas malditos, debido a su vida de bohemia y de excesos; y a la visión del mal que impregna su obra''

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